Los dias que yo doy concierto me paso la tarde en la prueba de sonido, despues de montar todos los instrumentos. Cuando termina la ecualización suele ser casi la hora del concierto, entonces pienso que tengo que cenar algo, una porción de pizza o un bocadillo de esos que llevan ya una semana hechos. No puedo cenar tranquilo, ni siquiera sé si me sentará bien con los saltos y movimientos, sin hablar de los nervios. No imagino como será esto unido a viajes paliza, con conciertos casi diarios, durante una gira de dos o tres meses, y durante 15 años.
Además, mentalmente tampoco debe ser fácil: todo el mundo te saluda, te agobia... y siempre tienes que tener buena cara, incluso cuando estas con fiebre, dolor de cabeza y angustia. Tienes que dar el concierto y firmarle en el culo a 100 personas. No puedes negarte. Y mañana otra vez. Y pasado otra.

